• Alberto Moreno

Hackeando modelos mentales... ¿cuál rompiste hoy?

Siempre fui curioso en la escuela. Tengo varios reportes y sellos en los cuadernos sobre cómo debía aprender a “platicar menos y estudiar más”. Hasta donde puedo recordar, me emocionaba la idea de aprender, pero también quería saber el verdadero porqué detrás. La razón por la que aquello que conocemos es válido o no. ¿Quién lo dijo? ¿Quién lo creyó primero? ¿De dónde viene? ¿Por qué? Siempre porqué.


Con el paso de los años, noté que estas preguntas son relativas y no existe una razón o respuesta real, más allá de la que hemos aceptado o a la que hemos dado valor. Cada una de ellas se responde conforme al contexto, a la visión y a la manera en que las personas involucradas conciben su origen. Y es que, de manera simple, estamos convencidos de que aquello que nosotros aceptamos y asumimos como verdadero, es una representación de la realidad. Pero no es así. Aquello que aceptamos y asumimos, es, en cierta manera, una representación de un trozo apenas pequeño de esta misma realidad. La forma en que aceptamos este espacio y, sobre todo, el valor que le damos, está condicionado por los modelos mentales que hemos construido, a lo largo de la vida, y que en definitiva obedecemos.


¿Qué es un modelo mental? Respondamos con un escenario imaginado. Imagina que estás esperando en el consultorio dental a tener tu turno, cuando escuchas que, dentro de la sala de atención, suena el televisor. Está sintonizado en un evento muy importante. De inmediato, te preguntas porqué el dentista considera más importante visualizar el evento que atender a su paciente. Te impacientas. Tocas una vez más la puerta y no obtienes respuesta. ¿Acaso la persona dentro no sabe que llevas prisa? No todos podemos tomarnos pausas para ver el televisor. Así que tomas tu suéter y comienzas a caminar a la puerta, cuando ves al dentista bajar de su automóvil, recién estacionado. Sube, te saluda y al entrar a su consultorio, muestra sorpresa porque ha programado el televisor para grabar el evento y parece que ha funcionado. Así que mientras te acomodas en la silla, te das cuenta de que tu molestia fue invalida, puesto que ese dentista imaginario no existe. Pero así lo asumiste.


Esa toma de decisiones, que sucedió de manera involuntaria y te llevó a sentir una molestia real, es un modelo mental actuando. Los modelos mentales son asociaciones que formamos y nos permiten entender el mundo y las señales que recibimos. Día con día, al recibir múltiples estímulos, nuestro cerebro hace un escaneo rápido de la situación y nos da un resultado con aquello que hemos conocido previamente. Este órgano, encargado de múltiples funciones, ha sido programado a lo largo de los años a través de las realidades que ha conocido, de la educación que ha tenido, las interacciones sociales que ha recibido y la manera en que hemos dejado, a fin de cuentas, que crezca. Por ellos, bajo estas ideas que ha formado y acepta como reales, lleva a cabo todo un proceso que nos permite formar imágenes o ideas, que aceptamos y con las que actuamos en consecuencia.


Cuando comenzamos a platicar de estos temas dentro de las organizaciones, solemos encontrar ciertas miradas de escepticismo, puesto que aun hoy, abrazar esta idea de poder hackear nuestro cerebro o usarlo a favor parece salido de cualquier libro de ciencia ficción o pseudociencias. Pero al hacerlo, se vuelve evidente que la toma de decisiones, personales o profesionales, sigue un proceso que hemos vuelto inconsciente y que está sustentando, en su mayoría, en experiencias previas que hemos obviado. De esta forma, cuando nos enfrentamos a un dilema o tenemos una situación entre manos (positiva o negativa) procedemos a deconstruirla y actuar en consecuencia de lo que creemos y aceptamos como real, aunque esté o no correcto. Ciertamente, desde un enfoque humano, es comprensible que desarrollemos formas y maneras de ver las cosas a las cuales nos aferramos como una verdad. Varios de los códigos que seguimos (leyes, de contacto, de etiqueta) funcionan como normas que nos permiten convivir en sociedad. Y por supuesto, desde una visión antropológica, las historias universales nos dan pertenencia y sentido hacia un fin mayor, lo que alimenta y alienta el funcionamiento de la tribu y del papel que nos hemos contado que jugamos en ella. Nos da certeza y seguridad, que son la base para vivir.


Pero ¿qué pasa cuando el modelo mental que tenemos ya no puede ayudarnos a explicar el mundo? Precisamente, ante una pandemia como la que vivimos en este momento, esta pregunta surge desde el fondo y cuando toca la superficie, nos encontramos con una incapacidad brutal para la adaptación, porque nos rehusamos a creer que aquello que conocimos ya no será más. Y si bien hemos explicado la razón humana para este fenómeno, lo cierto es que romper un modelo mental está asociado también con la manera en que podemos cuestionar nuestras propias decisiones y visiones, aceptando que todo lo que conocemos ha sido aprendido y podemos, en consecuencia, desaprender. Las visiones compartidas de los líderes las organizaciones que están sorteando este maremoto se centran en la capacidad que tenemos para adoptarnos a las nuevas realidades que tenemos delante. Pero para que las organizaciones lleguen a buen puerto, deberán integrar desde su visión central metodologías que les permitan ayudar a sus colaboradores a evolucionar sus modelos mentales, puesto que serán ellos quienes tomen las decisiones sobre la dirección de la organización.


Como parte de estas ideas, evolucionar un modelo mental, pese a su complejidad, puede llevarse a cabo con una serie de pasos:



1. Visualizar la idea central: abrazar la manera en que estamos ante una situación, compuesta por múltiples factores que debemos tomar en cuenta. ¿Tengo todos los hechos claros? ¿Qué es lo que podría estar pasando por alto?




2. Cuestionar su origen: ¿de dónde viene esta idea? ¿quién me la dio? Es importante profundizar en el contexto de aprendizaje y lo que este nos provoca. (Emocional y objetivamente hablando)



3. Cuestionar la validez: ¿por qué creo que es real? Por supuesto que puede serlo. Pero antes de asumirlo o afirmarlo, es importante comprender si viene dado por la importancia de la persona que nos enseñó, por el respaldo que tiene o porque, simplemente era lo que estaba a la mano cuando lo aprendí.




4. Visualizar lo que puede llegar a ser: como hemos dicho antes, una vez cuestionados lo puntos anteriores, ¿de qué manera consciente el modelo puede cambiar? ¿creo que puede hacerlo? ¿quiero hacerlo?





5. Poner en marcha: cada vez que tengamos una situación entre manos, ponerlo en marcha para evaluar y cerrar el ciclo de mejora continua.





Claro está que llevar a cabo esto es complejo, por las realidades que debemos enfrentar y por el componente humano que hemos mencionado. Hacerlo conlleva cuestionarnos lo que hemos creído antes, pero también nos impulsa a desafiar, en cierta manera, el estatus quo que nos rodea. Al lograrlo, podremos abrazar la posibilidad de evolucionar y encontrar nuevos y mejores escenarios para tomar decisiones personales y profesionales. De esta manera, tendremos delante un futuro que lejos de tomarnos por sorpresa, podrá ser una ventaja competitiva para nosotros y la organización.


¿Qué modelo mental rompiste hoy? Cuéntame al respecto.


Modelos mentales
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Acá te dejo un esquema que seguro te funcionará




Alberto desde The nanlab

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